Ya lo creo que será algo que no se les olvidará nunca, pero para eso no necesariamente hay que ser niño…, solo hay que sentirse como tal.
Les ubico en contexto:
Amigos desde hace unos años derivado de nuestra común afición por la actividad 4x4, y en concreto por la marca jeep.
Llevo más de dos años inmerso en la tarea de restauración de mi Willys, los mismos que aprendiendo todo lo relativo, y que comentaba con él todos los pormenores y curiosidades que pensaba le pudieran interesar, cada vez que nos veíamos.
Poco a poco fue interesándose por el tema, hasta que cayó en la desesperación de querer tener uno.
Trabajamos juntos en su búsqueda, siempre mantenemos el contacto para cualquier duda, (hasta varias veces al día por teléfono, si es necesario) viajamos juntos cientos de kilómetros, por conseguir piezas, y las intercambiamos sin tan siquiera mencionar su valor material, como si fuera un solo proyecto el de él y el mío, y con la misma ilusión.
Me ayudó mucho en la logística para traer piezas nuevas de gringolandia.
Hasta que llegó el día en que lo puso a rodar por primera vez.
Obviamente su primer toque técnico fue mi casa…, y aquí viene la anécdota.
Me dice que vamos a dar una vuelta para disfrutar un poco, pero lo primero que hace es entregarme las llaves para que yo conduzca.
Ja ja, ¡Qué emoción!

Yo creo que muchísimo más que la de mis nietos, pues la de ellos es por la natural inocencia infantil, pero la mía era por la consciente emoción infantil…, ¡y muy consciente!.
Era la primera vez que ponía a rodar como dios manda, un willys bajo mi trasero, lo que me hizo sentir en una extraña, indescriptible, pero feliz sensación.
Vamos a ponerle gasolina, pero al acerarnos al surtidor le pregunto para acercar el willis:
-Zalo: ¿de qué lado tiene la tapa?, o la tiene atrás…,
Me mira, suelta la risa, y me dice: parece mentira que tú me preguntes eso

jajajajajaja.
Al instante reacciono, me bajo de la nube, y muerto de la vergüenza,

comienzo a reír respondiendo: ¡ya!, ¡ya!, ¡no me lo digas que ya sé!.
Nos duró un buen rato la risa.
Eso, no se nos olvidará nunca…, y cada vez que nos vemos, me entrega las llaves para que mate la fiebre un rato.
Pequeñas cosa que van tejiendo la amistad y la historia de cada uno.
Miguel, ese día íbamos con el parabrisas abajo, sin techo, y las dos horas que estuvimos paseando, fueron suficientes para ponernos como cangrejos por el fuerte sol, que por otra parte, es condición climática los 365 días del año, lo que me hace añorar muchas veces, temperaturas bajas como las que tienen ustedes ahora.