Le alcanzó el tiempo para llegar a su casa, y sacar al pequeño de paseo hasta nuestro punto de encuentro.
Al rato nos dimos cuenta del contraste entre los dos jeep con sus cincuenta años de diferencia de edad.
Concluimos en que, existiendo un abismo entre uno y otro, y aunque pudiendo tener vida propia, somos los dueños quienes mantenemos vivos los lazos familiares que los unen.
A fin de cuentas…, CINCUENTA AÑOS NO ES NADA.





Saludos

