Pero no está de más que tomemos ciertas precauciones para evitarnos mañana una desilusión.
En primer lugar, tengamos en cuenta que los Reyes siempre han sido gente muy educada y respetuosa, y que a diferencia del confianzudo de Papá Noël que entra subrepticiamente a las casas de las personas por la chimenea o por algún otro hueco que encuentre, los Reyes NO ENTRAN A LAS CASAS JAMÁS, como los empleados de la compañía de electricidad.
Sobre todo después de las cosas que vienen pasando últimamente. Andá a saber si después los tipos se tienen que comer el garrón de una denuncia mediática. Y más habiendo menores de por medio.
O sea que vamos a tener que tomar la precaución de dejar los zapatos en algún lugar que sea accesible desde la vereda, porque los tipos tienen prohibido traspasar la línea municipal.
Peeeero... seamos vivos y pensemos que en el mundo hay ikeros. O sea que no sería de extrañar que esta noche salgan a afanar zapatos de incautos esperanzados mientras nosotros dormimos a pata suelta porque tenemos la conciencia limpia.
Yo les sugeriría que, además que dejar el par de zapatos más baqueteados que tengamos en casa, tomemos la precaución de atarles los cordones a alguna parte fija de la casa, o al menos a la pata de la mesa o de algún otro mueble pesado. Aunque sea para dificultarles la tarea.
Porque tenemos dos situaciones que tomar en cuenta: además de afanarnos los zapatos, si los Reyes pasan y no los ven, van a dar por supuesto que en ese hogar no hay nadie a quien dejarle regalos.
O sea que nos vamos a quedar sin el pan y sin la torta



